Cronopio nerudiano sueña con unos ojos

Cicatriz de un tatuaje removido o solo un tatuaje que imagino por debajo de lo terso, lo que se construye en multiplicidad de colores entre relieves de encaje y algodones. Singularidades y pluralidades de tu cuerpo que se ocultan en tus ojos secretos, compuertas del alma. Miramos, suspiramos, y en ese hipnotismo tan subyugante, el corazón responde su propio acertijo: llegar hasta su ser de fe en medio del fluir de la brisa suave, con vientos favorables.

Marcas de tu piel en el espectro de la noche, reflejos de tu brillo en la sonrisa de tarde. Rostro de paz, refugio de esperanza que permite a las ansias desbordarse en deleites de azúcar y néctar, en un canto feliz del místico universo.
Para que la dicha sea completa, las pupilas se contraen mientras el iris juega su concierto de desenfoques y balances para dar paso a su luz a rasgos pequeños y gigantes, en esa languidez tan sublime que nacen desde los parpadeos mientras se narran historias del día.


Ahora todo termina en las confesiones en primera persona: ¿sería absurdamente un cliché que te pienso a instantes sin husos horarios y sin relojes de marca? Dicen que lo importante es sentirse en un lugar, entre momentos y situaciones exactos. En este caso, solo un relojito tiene razón y es el que me avisa que debe sentir porque la ve desde lejos en un saludo de manos cósmicas. Latidos que se fortalecen en su onomatopeya hasta que zumben los oídos. La sangre cubre el rostro y el rubor inunda con lo ridículamente tácito: usted me gusta y los nervios se descontrolan, alguien nos da un pinchazo en señal de “despiértese” pero ya es demasiado tarde.

El plan era elevarse, volver a subir sin pensar en caídas aparatosas sin cascos o sin trampolines, dejando atrás al vértigo.

Dos veces apareció esta palabrita en nuestra jornada del día: rascacielos. Llegar hasta la punta para hacer una V de Victoria con los dedos índice y medio siempre nos causó una graciosa satisfacción. ¿Se trata de rascar el cielo o rascar al cielo? ¿O rascarnos el brazo o la cara en mini barbas viriles? El vino comienza sus alabanzas y un beso de aire apareció indiscreto, precioso, desde lo más alto. Embelesado, el conjuro de la lechuza más sabia y bella del planeta bosque cronopio se ha posado en nuestros sueños, y para escapar debemos escapar hacia ella, con ella. Fugitivos sin ser criminales.

Llegar a su despacho (mesa de almuerzo en cantina rascacielos) y verla en sus peleas de protocolo y etiqueta, separando la ensalada de su plato principal, son detalles que se cuentan en una complicidad suya y mía. Hay secretos que se viven y se sienten de a dos, en formato del uno. Nerudiana y Cortazariana cimentando el hechizo del poema, suyo, mío, nuestro, aunque sea en sueños. Soñar es verla y sentirla sonreír, vivir es verla y sentirla feliz. Su magia se eterniza por encima del universo, las galaxias y el tiempo. Sol. Luna. Brillo de sol. Brillo de luna. Premura y lento delirio de sonreír para usted y gracias a usted desde el otro lado de lo que hoy pienso y siento. Final abierto. Más allá.

La Verdad de las Circunstancias (TBT)

La incógnita sigue siendo ese «te quiero». Ese laberinto de promesas falsas; esas excusas para caminar descalzo, estático y sin retorno por sobre las brasas. No se trata de aprisionar una caricia en el recuerdo, o divisar una presencia en un estallido de la subconsciencia.

Buscamos eliminar a la angustia que nos carcome el sentido de la existencia, pensando en la fatalidad por sentirnos un espejo del otro, y acaso llorar porque terminamos conquistando el mismo pulso, la misma circunstancia errante.

Estaba ese empoderamiento de los letargos, tu languidez y la mía, en un cómodo adormecerse durante el rito místico de los besos espontáneos y sin relevamiento de datos previo.

Escapando hacia tus ojos, confundíamos el vicio con el deleite, la costumbre con la monotonía, el sueño con el vapor insólito de una visión sonambulesca. Las manos apuraban el encanto y ya no había vuelta atrás; el aroma de tu piel embalsamaba a las heridas de una dermis ajada, atorrante y no digna a tu perfume.

Sin embargo, no te desencantabas. El hechizo apareció y fue más fuerte que una frase de amor solemne y fuera de contexto. Te adelantaste al orgasmo y lo retuviste por más tiempo, subiendo y bajando el falo, acompañando el movimiento Allegro, Piano y Fortísimo, en una melodía sin compases, arrítmica y sincopada. Y no faltó el desfile del soplo, la reverberación, el humilde y el inquieto vibrato de tu lengua surrealista, extrayendo la miel para un nuevo retrato de un Dalí sin nombre.

Sin delirios monocromáticos y pseudointelectuales. Esta vez, ganabas la guerra, sin la oportunidad de firmar un cese al fuego, porque sabías que seguiría el placer de las hostilidades. Era amar el sometimiento, autoexcluirse del pasado e imponerse un presente afable a tus deseos carnales.

Nos usábamos, no nos permitíamos ir más allá del te quiero. Una historia que se repite en cada siglo, con vestidos, rostros y pelucas diferentes. Jugábamos al adiós que responde todas las incógnitas. ¿Sería nuestro primer y último beso? ¿Aceptarías un nuevo recorrido desatinado con una brújula rota? ¿Alguna vez, dormiríamos sin echarnos la culpa?. Lo hiciste también con él, y yo también lo hice con ella.

Eso era todo. Aspirar una vez más el perfume del olvido y esperar nuevamente a que te canses para volver. La condición fue impuesta. Amor suave y salvaje, sin contemplaciones. Amor que no regala un «te amo» después de las intimidades. Una angustia que se lleva tu cuerpo sin mirar atrás, olvidando que en el medio de la soledad o en la compañía de otros cuerpos, nos pensamos en silencio, y traspasamos la línea del «te quiero».

Pildoritas cronopias para lechuza enfermita

Mire sus arruguitas. Son como ramitas de sapiencia.

Piense, viva, sueñe, sonría. La estamos grabando con los Smartphones en formato vintage – sepia. No hay bicho que resista ser cachado in fraganti en un asalto frustrado.

Si el termómetro marca 39°, quiere decir que está roto. Gire los números y sabrá que tiene fiebre cronopia. Traiga rápidamente muchos cubitos de hielo y lléveselos a la frente. Si le da escalofríos, entonces busque una pistolita de juguete con agua caliente para restablecer a los colores de su rostro arcoiris. Ya ve cómo la autosugestión dará los mejores resultados.

No se refriegue tanto los ojitos, que no podrán cumplir su función de abrazar con la mirada a los que tienen insomnio. Cuide sus uñas lilas – rojas con un guante de encaje suavesísimo y manténgalo a temperatura acondicionada. No debe derretirse ese custodio de arañazos en dulzura.

Ría a carcajadas para espantar al que quiere ser demasiado serio y se olvida de poner madrugada en notitas cómplices. Ya verá que el susto hace bien a los que creen estar trabajando en horario laboral.

Pero, sobre todo, lo más importante. No se olvide de su esencia, que la acompaña y hace brillar cada hendidura sin trazo aparente. Todo encuentra su cauce en su luz de fe. Nada puede hacerle daño.

Camine a su propio tiempo, avanzando en latidos rítmicos que marcan su garbo y su presencia. Nadie más tiene la respuesta cuando se anda descalzo en libertad o con zapatitos de papel maché que fueron improvisados para soporte de tacón luego del tropezón escalonado. ¡Ingenios de la locura!

Siga siendo usted, abejita azul, que la esperanza y la gratitud se adhieren a su existir como el horizonte más hermoso, con nubes algodonadas y azucaradas en el onomatopéyico ‘HAUM’ del cielo infinito. Creo que así se dice: HAUM, JAUM, JAO como los ancestros y señales de humo.

Descanse y póngase fuerte, que la guía del Universo se hace más firme con su brillo de sol y nada nos puede hacer daño. Si necesita ayuda, por supuesto que le daremos la mano. Somos cronopios lechuza y lechuzo, ¿O No? Si me mira, yo la miro, como la cornucopia sagrada creada para el sublime Ars Amandi. ¿No le gusta cornucopia? Está bien. Espejos, reflejos, mares de imágenes que se replican en un roce de flores con la brisa del viento a campo abierto. Girasoles, rosas, encanto, tiempo.

¿Sigue frunciendo el ceño? Sus arruguitas eran orguitas, luego crisálidas y hoy ya son mariposas que se posan en árboles de savia sabia, preciosos bálsamos para el bohemio «in love». Alma divina y eterna. Corazón mágico y hechizante. Mujer de guerra y paz, fuego y hielo, perseverancia hacia dos dedos en señal de victoria, más allá.

Cronopios y «lo absurdo»

Como una dicha gigante a punto de desbordar un vaso de esperanzas, nos entró esa locura sin nombre de sentir cosquillitas en el vientre a una edad de delincuentes. Y pensar que una mirada divisó a los lejos una tierra firme en la inmensidad de un mar del nuevo mundo ante todos desconocido. 1.492 fue el año histórico que una vez se transformó en una inconcebible pérdida de dinero por no llegar a tiempo a la mesa de lotería que ya entregó la jugada del día.

Todo pasa y queda cuando nuestros ojitos terminan encriptándose en magnéticos mensajes que llegan hasta el alma. Antes, mucho más allá del antes, está la complicidad virtual de inventar figuritas virtuales de lechuzas que se saludan con manitos al pasar por otros laberintos, secretos que solo se bailan en el dos más dos es igual a uno. Rogaría que nos disculpe por este arrebato de los saludos en ternura.

Aunque estemos grandecitos para miradas «achinadas» (no es racismo), ese juego nos retorna a la vida de nuevas pausas y dulces treguas. Un rincón, un resquicio que nos devuelva la felicidad, todo en una conexión mística que trasciende palabras y se transforma en rayitos de acciones diarias en medio de todo ese brillo de sol que se refracta en su ser de infinitas gemas y diamantes.

Pero no olvidemos lo que se siente pensando en lo kafkiano, lo torpemente descifrable en medio de una certeza tan previsible pero que uno acepta riendo. Lo absurdo es trazar un corazón con los dedos y atesorar un instante en miradas que se conectan por encima de los cristales. Lo irremediable es tararear su nombre entre cancioncillas tan queridas pero que nos envuelven en su esencia en pleno horario laboral. ¿Me envía una sonrisa de susto y que pueda salvarme esta noche? ¿Dejará que caiga en sus brazos o usted caerá en los míos? ¿O, en realidad corregiremos la expresión y subiremos juntos?

Usted entiende que el encanto nace y crece, sobre todo cuando nos miramos con esa arteria tan propia de la letalidad y la magia. «Ahora esa mujer va a sonreír», piensa el cronopio lechuzo que rememora escenas rayuelísticas del delirio Oliveira, y todo regresa a su camino cuando siente que también se torna protagonista en la sonrisa de ella, como una continuidad de los parques pero con las hadas trayendo alegrías con puntos suspensivos.

Personalmente, no dejaré de mirarla desde el balcón, aunque esto me cueste la broma shakesperiana de una escena amorosa de Montescos y Capuletos. Pero la alondra y el ruiseñor nos acompañan en el concierto de la luna y sus estrellas, y me importaría horriblemente y hasta con pavor infantil darle un besito en la nariz, desearle buenas noches y lanzarla al baile de los monstruos, entre ronquidos y zumbidos de búhos y sapitos tan contentos como estamos nosotros.

Hablar por los dos resulta argelísimo, porque la libertad es nuestro sello más preciado. Mirarla y sentirla libre es soñarla eterna en un paraíso sin brújulas, besando horizontes sagrados de infinita felicidad. No me mire con cara de espanto, que absurdamente pienso en usted, mientras un libro de poesía nos une en colores cuando nos tomamos de las manos. Cronopios absurdos, cronopios jugando al Ars Amandi, eternos, lechuzo y lechuza, enamorados. Shhh. No sea tan empalagoso. Lo siento. Abrazo de mirada y un abrazo con alitas calmas. Shhhhh. A dormir en amor y en música, brillo de fe. La veré mañana. Lo veré mañana. Shhhh. Usted sabe. Usted también. Lo sé. Lo sé. Shhh. Happy Owls.

El Mensaje de un Abrazo (TB)

Mientras callaban, él la abrazó con la ternura y la sapiencia de aquellos que se despiden a cualquier momento, teniendo siempre presente el carpe diem. Ni la “Sociedad de los Poetas Muertos” había calado tan profundo en su aliento como esa lectura de Quintus Horacius Flacus. Claro que pretendía algo más allá de lo físico y lo pseudo intelectual. Pasaba el rato construyendo poemas, prestando pensamientos ajenos y ancestrales, como para disimular el descontento con su mundo actual.

El cinismo siempre estuvo de su parte, aunque esta vez no quería ocultar esa alegría de observarla sonreír. “¿Cómo era ella?, “¿Desde qué sueño surgía?”, “¿Con qué canción se quedaría?”, todas las preguntas resultaban evidentes pero aún más difíciles de contestar. Sus ojos se tornaban más dulces, como una cadencia descendente propia de una balada de George Harrison, el músico de las atmósferas más sublimes. Ese algo de sus movimientos, mientras la llegada del sol o de la luna, mientras una guitarra lloraba de alegría por tener a una princesa regalando esperanzas de tiempos mejores.

Pareciera ser desalentador cuando las palabras no consiguen abarcar y descifrar al lenguaje de los sueños. Estamos tan cerca de besarnos y aparece un balbuceo, una frase cuasi dicha pero atragantada en el fondo del alma, como un te amo en el idioma de la divinidad. Cada vez más cerca, nuestras pupilas dilatándose ante la falta de espacio, como el cósmico sueño de adorarnos más allá de la energía de nuestros cuerpos.

Nadie nunca lo sospechó. Nada pudo alertar siquiera que ambos iban sintiendo lo mismo, a medida del paso de un tiempo ajeno al terrícola. Dos extraños, sin especie, distintos pero iguales estando juntos, dueños de su propio tiempo. La calidez de sus respectivos alientos rememoraba círculos que buscaban un eterno retorno de amor, paz y sonrisa, degustando el placer de vivir para ser amado sin importar los días malos.

Y luego se reencontraban, acariciándose lo que podríamos llamar el sexto sentido de pensarse hombre dentro de una mujer o una mujer dentro de un hombre. Traspasando sexos, vendettas y fálicas pasiones cortazarianas, no era lo mismo divisarse desnudos aceptando sus límites geográficos, entre lunares cómplices o los vellos púbicos hoy tan descartados en el siglo XXI.

Pornografía y erotismo creados por las contradicciones del amor tierno y luego salvaje. El lenguaje de sus cuerpos se escribía entre pausas, silencios y rítmicos vaivenes de ensoñación y sometimiento. Amarte para descubrir que nosotros nunca dejamos partir a las almas que tanta felicidad nos regalan. Luego el beso, la mirada, los corazones latiendo a la misma onomatopeya (tum – tum) para dormirnos pensando en el presente, en el amor que no tiene fecha de vencimiento.

Él despertó. La ensoñación había sido demasiado fuerte. Todo el amor se le vino de golpe mientras solo la abrazaba. Él era feliz. Ella era feliz. Ambos eran felices. Nosotros somos felices. Somos felices. Somos.

04- 08 – 2018

Abrazo de cronopios con puntos suspensivos…

Como posar los ojos a través de las mirillas de las puertas y dejarse atrapar por los sueños del caleidoscopio.

Esperar pacientemente una oportunidad en medio de los ascensores y admitir, entre sonrisas que se abren en su concierto de ventanales: Aunque bajemos, podemos subir más alto.

Sentirse en un refugio de fe y paz, cuando extensiones físicas se auscultan el alma, configurando una nueva alegría para el mapamundi de la esperanza.

Suavidad de las manos que se extienden más allá de océanos, planicies y selvas, buscando el perfume que rompa con la timidez, en un juego de aceptación e inmensidad.

Fragancia de luz que se expande y se dispersa por dos esencias que suspiran agradecidas ante un contacto de horizontes nobles y cadencias del silencio cómplice. Abrir los brazos y retornar a la fuente del verdadero tiempo, traspasando telas, sedas hasta llegar a nuestra más profunda piel.

Agradecer por la magia que recorre la médula y los nervios, estallando en la confusión de una felicidad inmensa. Fluyen los sueños en la conjunción de ríos y montes, bifurcándonse a través de infinitas represas de agua dulce y salada, solo para perdurar en un paisaje que respira por sí mismo y ya no se esconde.

¡Conexión de los sentimientos más puros, replicados como espejos sublimes de hermosura y ternura! Llegar puntuales a la misma sincronía, en la justa distribución de corrientes que electrifican y avivan llamas, en un incesante delirio de fuego y rayos de tormenta. El choque que despierta, el encuentro de miradas que brillan sin despedirse, capturándose y fugándose hacia galaxias o planetas que giran en una misma órbita, por los siglos de los siglos.

Todo esto lo sentimos en un acto que hoy es palabra y mañana será el futuro de la nueva vida sin límites, divisiones o fronteras: su abrazo, maravilla del sol, camino de la verdad, guía para tocar los arcoiris del alma , viaje hacia el territorio del nosotros, perennidad de la vida en un mismo latido infinito. Ars Amandi.

Algunas reflexiones sobre la vida y los instantes eternos (TBT)

Algunas veces, en esos momentos de nostalgia, buscamos la forma más fácil rellenar el inconmensurable espacio de una ausencia. Nos apresuramos en hallar respuestas, las cuales no siempre son las acertadas, ante la premura del tiempo. Si nos tomáramos algunos minutos más de la cuenta, tal vez pudiéramos dejarnos sorprender por la filosofía de las horas, en esas historias sobre los errores y aciertos de los seres humanos en situaciones de desesperación.

Un segundo puede cambiar el curso de las cosas, escuchamos decir un viejo amigo de jornadas radiofónicas. No importa cuán duro sea el camino, lo importante es seguir distinguiendo la línea entre lo coherente y lo moralmente perdurable. Y mientras mantengamos la cordura, podríamos permitirnos una que otra locura inofensiva de vez en cuando.

Esos momentos en donde logras disfrutar de lo que realmente haces sin que sea importante el resto de las cosas. Por supuesto que pasa. Tarde o temprano caemos en la zona de confort y el proceso se vuelve rutinario. Lo peor es que nos damos cuenta. Lo peor es que nos damos cuenta, ralentizando la frase junto al inmenso humo de la pipa. Nos encerramos en la casa e intentamos escribir el siguiente texto para un blog que muy pocas veces es concurrido.

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No te olvides de vivir, nos dice también otra parte de la mente, que nos impulsa a salir y seguir buscando aventuras. Una fotografía de los días felices o de una luna llena capturada por el smartphone no es lo mismo a las capturas de la mente. Aunque la fotografía atesore el momento, la fecha, la hora, el sentimiento no es el mismo a verdaderamente vivirlo, en una mágica presencia. Claro, hoy en día están los vehículos que prácticamente te prohíben quedarte en el medio de la calle asfaltada para poder mirar a las estrellas. Las bocinas vociferantes te avisan que estás muy grandecito para seguir observando al cielo pero debes tener la fuerza suficiente como para seguir desafiando a los que salieron tarde para ir al trabajo.

De eso se trata, trasgredir las circunstancias en un contexto que hoy pasa por la desmemoria y lo superfluo. Te calmas y expresas al que solo se trata de un instante eterno, de un momento que no puede afectar a nadie e invitas a los demás a formar parte del espectáculo. Luego aparece tu amigo guitarrista y comienza a gestarse la verdadera fiesta. Lastimosamente, el bus no se detiene y no podemos tocar algunas canciones para viajar gratis. Malditos aprovechadores. Las risas retrospectivas son marcas imborrables de una vida que siente, piensa y se solidifica a plenitud, en base al tesoro mágico de la amistad y el amor.

No hay una fórmula contundente o un conjuro propio de la alquimia y las artes medievales que puedan explicarnos todo lo que acontece en la vida. Kundera decía que la vida es un bosquejo y el guión se va escribiendo conforme a nuestras actitudes, aptitudes, alegrías, tristezas y decepciones. Pero muchos pensamos que hay un guión preestablecido, que va descubriéndose a cada paso del camino. Cuando el libro se va escribiendo, las subdivisiones en capítulos van nuevamente fragmentándose en párrafos, conteniendo palabras que buscan una ilación de la historia más que secuencial, inherente y hasta consciente a la vida misma. La racionalidad y los sentimientos se establecen en base a juicios de equilibrio, en una justa medida. Sin embargo, muchas veces comenzamos a volar y olvidamos que tierra posee su carga adicional. Queremos ser leves pero finalmente entendemos que también rehuimos de las responsabilidades. El temor a crecer. Todo un capítulo aparte. Si besar a una persona querida supuso un motivo más para el aprendizaje como ser humano, la otra parte te indica que ese beso es un paso hacia un sentimiento mucho más profundo, vinculado a algo más allá de lo físico. Allí aparece el amor. El amor.

El recuerdo de unos abrazos de magnitudes infinitas. La calidez del aliento en un suave vaivén de los labios unidos. La combustión generada a partir del contacto apasionado y acalorado de dos cuerpos. Las miradas presas de una complicidad tan aparente pero tácitas. ¿Alguna vez te enamoraste y nunca lo olvidaste? ¿Lograste que los siguientes besos dados sean iguales al primer beso? Dentro del ámbito de las posibilidades e imposibilidades, ¿conseguiste que tu vida sea una historia digna de ser contada?

Comenzaste un viaje hacia las letras y no creo que pares hasta encontrarte, hasta llegar a las huellas que iniciaste en un primer paso, como un eterno retorno.

Seguramente muchos estarán pensando: ¿qué pasa por tu cabeza mientras escribes esto? Sencillamente buscamos que se detengan por un segundo y empiecen a hacer el recuento de los días y las noches. Hayas leído un buen libro o hayas hecho “colear” o planear una pandorga. Si jugaste un partido de fútbol inolvidable aunque no hayas hecho un gol. Si sonreíste mientras un amigo o alguien especial logró sacarte de un trago amargo. Si buscaste un refugio en los compañeros habituales de diversión, como “los perros”. Si entendiste que la realidad también puede ser un hermoso sueño, por más que aparezcan los días malos. Eso se llama no perder el tiempo. Proust hablaba del tiempo perdido y la búsqueda incesante hacia una infinita felicidad. No hay tiempo perdido si supimos vivir. Todo tiempo, en todas sus conjugaciones, puede ser el mejor. Esto no es solo literal. Amor.

16- 11 – 2017

Mímicos saludos…Recuento de miradas…

Juego inventado desde planos imaginarios, reconfortándonos en verosimilitudes que solo existen desde lados mágicos. Como los mimos, llevar las manos al aire, superponer puertitas invisibles como blíndex para golpearnos la cabezota y esperar que la fineza de una esencia sea el pañuelito que revierta chichones. Empezar el partido en desventaja ya es trazar la épica, la hazaña, la heroica hacia el último minuto de las salvaciones.

En un arrebato del recuerdo, desde el hemisferio de memorias a corto plazo, la vocecita en un fondo gris te golpea la espalda y te susurra: hace rato tuviste tu esperanza. Mentalmente, repasaste la jugada que capturaste, repitiéndola en tu VHS cerebral. Reproducir y rebobinar a cada rato para no creerlo.

Allí la ves, acomodándose en la silla giratoria de cuero, mirando hacia tu dirección por debajo de la hendidura de la puerta transparente, en ese deleite de los aprendizajes cómplices. Al posar sus ojos en los tuyos, la cronopiada se dificulta por ese mar de gente. Por el magnetismo, «esa dialéctica de imán y limadura», dejaste de escuchar a los amigos que te agradecían por cubrir sus vacaciones y acompañas la mirada saliendo de la pantalla por otros vidrios, rompiendo la tele.

Desde su lejana cercanía, ojitos y manitos se conjugan en el mensaje tierno que calla a todas las fauces indignas que se pasean por la vida real. Vos y ella. Tú y ella, solitos, alcanzándose y entendiéndose por entre la multitud que no los registra, no los sospecha y ya no los esclaviza. Comienzas a creer. El rinconcito seguía allí y los problemas técnicos solo eran meras teorías.

Te armaste de valor para avisar que el saludo se haría presencia física, a riesgo de quedarte mirándola fijamente en una sincronía de sentidos. Divino reloj. Te acercaste, y hubieras querido no incurrir en trabas, tartamudeos y balbuceos. Ella sonreía y no temía a las pausas incómodas.

Ay! Tu desventaja podría condenarte o salvarte pero, pobrecito, poeta, el tapabocas te hacía sudar. La gotita de sal se posó en tu ojito y ella seguro pensó en que querías llorar de alegría. De alegría infinita. No dejaste de mirarla hasta que llegó la hora del almuerzo. Te despediste con el saludo de puños, por debajo, más allá.

Se retiraron dándose la espalda, como obligados opuestos. Quisiste mirar atrás para saber si te salvaste, si ella pudo disculpar tu nerviosismo y tus inseguridades de niño grande. No se decepcione. No se desilusione. Vivieron en un mismo latido místico, en la dulce esperanza de algo posible en la realidad imposible. Gatear soñando entre estrellas de la mañana, caminar entre rastros de su perfume de flores azules, sonreír sintiendo su brillo de sol, recordar viviendo en la eternidad de su rostro, con la mirada que nos hizo más cronopios, más camaradas de luz y esencia. Felicidad extrema.

Dos vasos rotos antes del 14 de febrero

Surco viejo de una aurora. El poema que no puedo escribirte pero ausculta sueños en un beso de nebulosa. Si tuviera que retratar cielos perfectos, serían de tonalidades marrones, cuasi negras, porque tus ojos sonámbulos son abismos que no aceptan reembolsos. Es internarme, perderme en el laberinto giratorio, reencontrarte en esencia y sanseacabó. No me pidas objetividad ni letras minuciosas que se adaptan a los trajes a medida ideados por los sastres. Mi sastrería está al otro lado, en ese desaliñado gesto de perseguirte y aprehenderte más allá del hilo que se enhebra en la aguja y se clava en el dedito inexperto. Allí suspiro y te digo lo que no querés escuchar, lo que no puedo articular mientras esté sobrio porque es algo autoimpuesto, prohibido, imposible.

Te beso desde el aire virtual y respiramos REO Speedwagon por cada vértebra que encierra esqueletos, músculos, venas, arterias, capilares. Can’t Fight This Feeling. Disculpas. Cierre las cortinas de la ventana y déjeme con la serenata solitaria por algo que se niega en minutos de los famas.

Salgo corriendo con la guitarra hacia calles que no se identifican. Nadie supo el número de la casa. Sí. Sé que llegué sin avisar. Ya está. El problema y la solución, están. Abriste la estantería para remover todo lo que ya perdió su sentido en el sentido mismo y depositaste tu corazón en purpurinas, regalito brillante de un sol que se refleja en pequeños solcitos. Y faltó la abejita azul que zumba por mis oídos, esparciendo su polen de los dioses como la miel que salva, el néctar que viaja por corrientes de mi cerebro vulnerable, ingenuo e ingenioso por ser el que en humoradas a veces le saca una sonrisa.

No lance la reprimenda que me haga callar lo que siento. Hoy no quiero. No puedo. Lo siento. Es REO Speedwagon, es ese diluirme en pinturas sin temer a que no me derramen aguarrás en las restauraciones museísticas. Ya van dos vasos rotos sin estar borracho. Llegó el momento de beber de la botella. Ya ve que soy un héroe. Llegó el momento de eliminar las evidencias y luego ser declarado culpable. Lo irremediable. ¡Qué mala pata tiene el pirata!

«No rompan los vasos», dice el cronopio bartender

¡Harto! ¿Cuántos hilitos de sangre más deben correr para detener el duelo de espadas, o el rasguño de los gatitos por no querer bañarse? ¡Basta! La guerra no es el camino y termine de descargarse. El sofá está cansado de sus berrinches rojos, la sala de música presenta resquebrajaduras asquerosas de tanto volumen y descontrol. Está por todas partes. Ya, cálmese y disfrute del vinilo que le habla sobre los cambios de vida, en el minuto de Nueva York.

Eagles, otra vez. Descanse, poeta, que sus inseguridades trascienden hasta por el páncreas o por la espina dorsal. No, no y no. Déjese de tonterías y dedíquese a su recuerdo, a aquellos sueños en donde vive y perdura junto a la reina absoluta, la que no puede ver ni tocar.

Apure el silogismo que espanta inferencias e intuiciones. Deje de estar borracho de rubias que le hablan al oído sobre pasiones tentadoras. No desespere, que un angelito lo despertará en territorio amigo, luego de tantos campos minados por ninjas y francotiradores.

Beba la causa y el efecto. Atesore el grandioso signo que inventa una pizarra con dibujos de ella en tizas de arcoiris. Hay que ser dignos hasta para robar un color. La importancia radica en ser paciente, porque excalibur aguantó tanto tiempo en la roca y la mesa cuadrada terminó por ser redonda.

Déjese de filosofías y continúe su delirio. Las venas se van quedando sin flujo. Moretones por todas partes. Está enfermo. Necesita recostarse.

La fiebre lo llevará a otras visiones. Un beso que se hace sapito y luego ovejita y más tarde un verdadero beso. Ay! Cómo la extraño, mujer de luz, no me deje tanto tiempo en la cronopiada del silencio, que este tiempo no es el mismo del relojito cucú de la pieza. El tum tum a diez mil por minuto vuelve como la onomatopéyica que salva. No. Su presión arterial está altísima. Vamos, que todavía tiene remedio.

Acumule la energía, que le hace falta todavía. Piense que soñarla es la verdadera poesía. Pues claro que lo piensa. Entonces, está bien. Va recuperando el pulso. Viva, respire, inhale, exhale, agarre su manito y reconstrúyala en dibujitos cerrando los ojitos. Entró al mundo cool. Jazz, saxofones y sexofones de alta alcurnia, ritos de Ars Amandi que se hacen paz, noble fe, dulces sueños, amor.

Bien. Ya se está estabilizando. Siga con el vinilo y vuelva a su adoración sagradamente secreta. Recobre la esperanza, la salud y la consciencia de sentirla eterna. Muy bien. Así se hace. Ahora que ya me escucha, le pido encarecidamente: ya no me rompa los vasitos de vidrio, que tengo que seguir sirviendo pociones mágicas. Mañana es 14 de febrero y me está ahuyentando a la clientela. ¡Explótese los granitos de la cara, si tanto molestan! ¡Ya no tire los vasos al suelo! ¡El servicio de limpieza me persigue con las horas extra!