……………….Ay………………….

……………….Dios………………

……………….Delirio………….

……………….Ars Amandi……

………………Lenguas…………..

………………Besos……………….

………………Matar de amor……..

………………Placer y Libertad…..

………………Adoración………………

………………Sonrisas………………….

……………….Soñar……………………..

El ritual de las galaxias desnudas, entregadas en su caótico estallido de viajes cósmicos. Miradas que se hundían magnéticas hasta aprehenderse sin tiempo, entre clamores y escozores del secreto deseo…

Amor extraño y cómplice en sus deleites y pasiones, juego atómico y anatómico explotando ante roces suaves de la piel. Amarnos y bifurcarnos entre las brújulas consabidas, conociendo nuestros cuerpos de antemano, examen a primera vista en donde todas las respuestas ya estaban escritas en el corazón, en los delirios sublimes del alma y de la mente.

Sueños de luz en plena oscuridad. Tu rostro durmiéndose en mi hombro, junto al lunar del brazo que rodeaba la cerviz de lechuza…besos de agujitas, piernas entrelazadas, café de la madrugada, abrazos que no mienten, sonrisas que se eternizan, enamoradas.

Párrafos sueltos que revierten e invierten secuencias de los sueños, en un dormir pensando en las magnitudes y sonoridades de voces que nos pueblan como ecos de fe y dulzura. Admirarte sin límites, en la vivencia plena de una libertad absoluta de astros y sombras luminosas, para redimirnos en el salvajismo de nuestras almas en erupción. Apurar la palabra que nos une en lo lúdico, en lo mudo y en lo risueño, sin actuaciones malas o roles protagónicos estelares. Dos extraños siendo uno en lo místico, en lo silente de las horas que se refugiaron en una noche de este a oeste…de norte a sur…los puntos cardinales de nuestro amor que se expande en jeroglíficos, pergaminos e ideologías sublimes del infinito mapamundi de la piel. Arriesgarnos, correr imprudentes hacia el brebaje de hecatombe y holocausto, catadores del vino dulce y salado que nos habita en el roce, en los toques mágicos de dedos debajo de la ducha. Gemirnos, encantarnos, reencontrarnos en el deseo cuando nuestros cuerpos se conocían y se recordaron luego de sumergirnos en un vía láctea sideral, más allá del tiempo.

Cielo, infierno. Fuego, hielo, invernalmente ardientes, fogosamente congelados, infernalmente helados, conectados a la supremacía de lo hipnótico, sin dejar de vernos, poniéndonos a prueba en un combate cuerpo a cuerpo, alejando las trincheras – almohada y sometiéndonos al placer inventando sin campos minados, entregados al gozo y a la luz, en un summum altivo de éxtasis celestial. Es la vida. Estamos trémulos. Estamos sonrientes. Estamos vivos…