Gejor sueña con Miles Away en un rasguño de garfio

In the Heart of The Young reconstruye su esencia en el Miles Away que se acurruca entre promesas. La esperanza canta su delirio y las paredes encuentran grietas dormidas en los recodos del silencio. ¡Cuánto de nosotros! ¡Cuánto de los malhumorados que evitan encontrarse en el pasillo sin apriosionarse distantemente juntos o divididos!

Aparecen las fieras, las víboras, los gatos sobre el techo, desandando caminos de nostalgia y pureza, sintiendo y perdiendo, ganando y viviendo…la brújula encuentra su visión hipnótica y la mirada llega, posándose en el alma…del otro…de ella…de él…de los nobles y los pecadores, de los humildes perseguidores del sol y de la luna, acompasados, somnolientos, despiertos ante el brillo.

La calidez del beso, inserta en esa huella imborrable, en ese pasadizo de sumas y recuerdos, instantes que alejaron amarguras, rejuveneciendo vivencias de sueños…

Pensaste en Dustin Hoffman y en el Capitán Garfio, y temiste verte ante el reloj cucú de cocodrilo. Los tic tacs crecen en su fuga y el tiempo también envejece en Nunca Jamás. Robin Williams – Peter Pan se pone el traje y asiste a la nueva velada de los victorianos estetas.

Confundiste libelo con libélula, en una jornada de pérdidas, hackers – haters y cuartos intermedios. ¿A dónde fuiste, mundo pacífico, dulce y risueño?

Nos paramos, nos exacerbamos y desafiamos a las horas con puzzles y acertijos…nada es lo que parece…todo es lo que aparenta…o viceversa. Bukowski se combina con Benedetti y Cortázar recuerda A Se Stesso de Leopardi en una cronopiada lúgubre pero recubierta de hazaña pesimista. T’acqueta omai.

Las hormigas cargan hojas verdes en el caluroso invierno, mientras un político argumenta su voto con otra planta de su sala de lujos y candelabros ostentosos. El nuevo viral, el nuevo lenguaje de oídos sordos que exasperan una vida que no es la real, pero anestesia, adormece, afrenta o calla, cansa o reacciona…la idea es no rendirse y respirar la bocanada de estrellas y nubes que sellan un nombre…su nombre…nuestros nombres.

Su sonrisa perduraba en la arena, en la paz de las cosas que buscan su sentido y se dispersan en el murmullo de las lechuzas que piensan, se encarnan y reencarnan en la suave noche de ausencias, de caricias tiernas.

Dormir…abrir los ojos al día siguiente…reinventar presencias que sonríen en la mente y saludan con las manos hacia el amanecer…el poeta atesora recuerdos…esa es su condena de fe…lo único que le permite volver a creer…

Gejor adoptó tonos sombríos y extravagantes en el último artículo, que en principio debía ser una reseña musical sobre un álbun de 1990 llamado «En el Corazón de los Jóvenes», de Winger. El jefe de redacción se apuró en concluir que el rupestre periodista se adheriría a las convenciones formales de las revistas críticas y del esnobismo feroz de los amantes del Glam Metal. Sin embargo – pensaba – se enamoró de Miles Away y la readaptó a su historia de incógnitas e interrogantes. Un nuevo dilema para los amantes que gustaban leer estas prosas prosaicas, infaustas, infames y banales. Imprimátur, dijo el jefazo, mientras el viejo Gejor regresaba al bar de la esquina, buscando a un nuevo cliente con quien pelear por causas bohemias y de alta estima…

Sunshine in the Key Of G

En las últimas semanas, los silencios fueron fríos y lúgubres, al igual que un invierno de injusticias. Cuando un ser de luz comienza a formar parte de nuestra existencia y va construyendo ladrillitos de importancia, buscamos la manera de hacerlo más feliz y más brillante, estableciendo nuevas posibilidades y blindajes para evitar que lo lastimen. Otras veces, los alejamos para protegerlos, en un acto de sacrificio y bondad, en medio de las vicisitudes y avatares de la existencia, hasta que la brújula vuelva a girar hacia el mismo camino de la felicidad.

Administrar realidades pueden ser inoportunas o incómodas, pero siempre reaparece esa magia que nos salva y deposita sus rayitos de sol en cada gesto, mueca, eternidad constelada. Extrañar, recorrer espacios, atravesar pasillos para lograr un hechizo hipnótico de presencia de cuatro ojos en un salón repleto de otros ojos espías, son un bálsamo que se levanta ante tanta maldad y negatividad corrompidas.

Saludar con las manos o incurrir en miradas sonrientes se combinan en una sentencia cómplice de decires sensoriales: “Me gustó verte esta mañana”, y “espero seguir viéndote, aunque sea desde lejos”.


Aunque sus horas hoy sean tristes o difíciles, la destinaria debiera saber que su aflicción también nos duele, y está el más hermoso deseo está en recubrirla con un abrazo de palabras y sentimientos sinceros de amor. Sí, sabemos que esta palabrita ha espantado a más de cien mil elefantes, pero no hay otra descripción que vaya acorde a lo que se gesta desde el alma sin prejuicios ni premisas falsas. Como una sabia lechuza dijo: “No piense demasiado. Sienta”.

Por favor, no es ninguna recriminación y ni siquiera estamos pensando de esa forma. Al contrario, si el tiempo ayuda a reordenar su esencia y volver a su centro, la esperamos siempre. La espero siempre. Nunca debemos olvidar a las raíces. Usted me ayudó a encontrarme con lo que sentía, y la gratitud siempre será eterna e infinita. La adoro aquí, allá, y en todas partes, parafraseando a The Beatles, aunque esto último sea un secreto (¿la onomatopéyica del ‘ups, lo dije, Hoo Hoo’, causaría algunas risas?) Hubiera querido ser un lechuzo más grandecito para alcanzarla y compartir más momentos inolvidables sin temores a los flashes de los paparazzi, pero no pierdo la esperanza. Me tendrá siempre de su lado y nunca le soltaré la mano, si me lo permite. Ya sé, ya sé. Cállese, cronopio lechuzo buen hombre, que ya la lechuza cronopia abrazo de mirada se aburre.

Los sueños seguirán sonriendo entre puntos suspensivos…mientras el corazón aguarda en su dulce esperanza. La vida busca capturar instantes y recrearse en cada desafío del día y hasta del tiempo. Nadie olvida besos dados con los ojos cerrados ni tampoco a las miradas que se rejuvenecen ante tanto misterio. Las manos juntas, fuego y hielo, pieles fundidas en ternura y salvaje delirio hambriento.

Here Comes The Sun. Quisiera dejarle un mensaje optimista, con el ansia juvenil de volver a escuchar su voz y volver a verla, cuando se sienta mejor: gracias por orbitar en este mundo de locura, entre aventuras de fe y Ars Amandi por los atardeceres del ensueño, los bulevares de nuestro secreto. Aquí la espero siempre, con un abrazo de más de 8 segundos, con la mirada encontrada de dos niños buenísimos y colgados por el tiempo. La saludo, Abejita Azul, elefantita Brown, Yema Dulcísima Castellanísima Ososa, Brillo de Sol. Usted me gusta mucho. Siempre tendremos un «café negro por enésima vez». ¡Gracias, siempre!

Viajes corpográficos de los cronopios

Beber el zumo de tu dulce voz, renovando alegrías y espantando tristezas. Admirar cada resquicio de tu ser , desde la piel que se combina con tu alma de mujer de morena magia…hasta el corazón más hermoso en su sabia y savia esencia…

Esperarte siempre, como cada día, como cada noche, en un recuento de historias, leyendo jeroglíficos desde nuestros cuerpos…redescubriendo pasadizos y lenguajes secretos…. fundirnos la piel en un para siempre…volver a la raíz…al polvo de las cosas en ese beso de perfumado aliento…hay amor…ay amor…no se cuantifica este loco deseo…

Entre luces y sombras, perdiéndonos o reencontrándonos en ese laberinto del juego, entrelazados los brazos y las piernas, las manos inquietas anuncian su paz mientras estiran suavemente las sábanas hasta tus hombros…hace frío y dormiremos la siesta juntos…luego de dulcemente recobrarnos en cada caricia, en el espectáculo de los temblores en sueños despiertos…

Respirándote, aspirándote, inhalándote y exhalándote, la adicción se torna poderosa y fuerte, y luego está el sentirte en ese abrazo de magnitud insondable, de esfera cálida, en un mismo ansiado universo salvaje y cómplice…

Sur…norte…gemir o callar…onomatopeyas del silencio y dejarlo ser…recordar…atesorar fotografías de la mente desde otros espejos, capturar instantes de un beso y una mirada desde el otro lado, aquel en donde nos seguimos mirando más hechizados, más revelados en el sublime latido de corazones encantados. Rodear el encanto, exasperarlo, recubrirlo, reacomodarlo, atesorarlo , un te amo dicho con los ojos cerrados, sintiendo lo mismo, adorarte sin decirlo, orbitando… sonriendo…

La película no termina…luego están los guiños, los parpadeos que simulan la foto especial enmarcada en el álbum de recuerdos, cejas que se anticipan a fruncirse para medir lo opuesto, lo más preciado, lo más risueño: contemplar la mirada que atraviesa el cristal más perfecto…hasta el alma y su embeleso…en medio del silencio.

Dibujo de aire. Trazar nuevos mapamundis y cartografías desde esa boca que compendia alegrías y pasiones con sus besos, entee la hondura más sublime de los planetas y sus ecos de horizonte.

Aparecen las comisuras, y está el acto de sonreír por debajo de las yemas de los dedos…creando y recreando reinventando ese panorama de cielos mientras la sonrisa alimenta a la piel, a la carne, al salvaje deseo…

Respirarte desde la cerviz…olerte hasta que el universo de rinda ante tu nombre y esa sea la verdadera respuesta. Redimirnos en el susurro de amor y su permanencia eterna…filosofamos en la metafísica de los seres que mutan hacia regiones más transparentes, cosmovisiones de amantes alados, múltiples y constelados…celestialmente enamorados…

Ars Amandi…hicimos el amor y los puntos cardinales escribieron su fábula de sueños…lechuza y lechuzo seguían leyendo el libro de su cronopio y real amor…

Lo erótico (III) Juegos en el atardecer de la noche…

Last Night We Said A Great Many Things…
Rick Blaine To Ilsa Lund In Casablanca (1942).

Anoche nos dijimos muchas cosas grandiosas…frasecitas perdidas y reencontradas en su elocuencia…solamente para descubrirnos a pasos agigantados, sobre la oscuridad que nos mata y nos redime…recreando el eterno Ars Amandi de nuestro propio universo en un mágico recuento del sueño…en otra galaxia…en otro tiempo…


El vino se agota en la copa del placer…la mente retiene y aprehende horas sagradas…temblamos…hablamos…existimos…soñamos…somos…en una lluvia de encanto…


La brújula que nos reúne…nos nutre…nos retroalimenta en esa trayectoria de caricias y besos…noble esperando de lo que ansiábamos y hoy vivimos…just you and me…in silent way…between a shadow and the light of your smile…

Adorarte sin decirlo…solo sentirlo en códigos que se descifran y se autorreconstruyen a cada contacto, suavidad de felpa y terciopelo…lengua y desliz de las bocas de fuego…revolucionando a piacere a los cánticos del cielo. Miradas dormidas y sumidas en ensoñaciones…voces que resucitan el amor eterno. Sonreímos…agradecidos…

Exhaustos y exasperados, combatimos a los temores y los miedos con semillas de tilo y hojitas de menta, mientras la miel nos endulzaba las comisuras en un juego mágico de acierto y desacierto…las ansias por fundirnos dejaron marcas sublimes en la piel…


Asistimos gustosos y trémulos al concierto de nuestros cuerpos, sintiendo calores friolentos y friolentos calores, cuando todo parecía tan poco y a la vez mucho…roce que eriza…puentes que se elevan hasta llegar al centro de todo lo que late por siempre sin tristezas ni malos momentos. Nos veíamos…te veía…me veías…y la camaradería vibraba en una sonrisa dulce y cómplice.


Quería decirte más cosas grandiosas, algunas que pudieran sonarte familiares, otras que formarían parte de algunos cuentos de hadas, pero el amor de lechuza y lechuzo forjaba su nido y buscaba refugiarse entre las ramas de otoño. Amor, no es fácil revivir la palabrita tan cansada de caer por su propio peso. Quisiera que las horas, los días, los relojitos a cuerda de nuestras almas de arco iris evoquen pasajes de nuestros poemas favoritos mientras lo que sentimos nazca y renazca en el infinito.


Verte siempre…en el camino más próximo hacia las hendiduras que nos hacen y rehacen como seres de fe…sucumbir ante tu esencia en un silencio de estrellas, luna o lluvia etérea…toda la magia del let it be fluyendo en nuestros abrazos de luz y sombras, cósmicos rayitos de esperanza para los ángeles que brillan en su vuelo sin dolores ni enojos.


Diablitos…salvajes peregrinos de lo prohibido…exploradores y aventureros de puntos cardinales entre puntos suspensivos…norte a sur…marea y puerto…sal y azúcar…ecos como pies que se extrapolan y se entrelazan reinventando signos y promesas.


Sé que nos dijimos todo más allá de las palabras. Comunión y mancomunión de un café para dos. Viaje sublime del amor secreto, de los amantes secretos hambrientos. Nos matamos y nos revivimos en cada gemido, en cada gesto tierno de reacomodarnos el cabello o mordernos los labios…dándolo todo…sin mordazas o censuras…libres en el atardecer en plena noche…enamorados…entre ojitos, naricitas y jueguitos placenteros de los traviesos cronopios…

Lo Erótico (ll): Ars Amandi de Cronopios…

……………….Ay………………….

……………….Dios………………

……………….Delirio………….

……………….Ars Amandi……

………………Lenguas…………..

………………Besos……………….

………………Matar de amor……..

………………Placer y Libertad…..

………………Adoración………………

………………Sonrisas………………….

……………….Soñar……………………..

El ritual de las galaxias desnudas, entregadas en su caótico estallido de viajes cósmicos. Miradas que se hundían magnéticas hasta aprehenderse sin tiempo, entre clamores y escozores del secreto deseo…

Amor extraño y cómplice en sus deleites y pasiones, juego atómico y anatómico explotando ante roces suaves de la piel. Amarnos y bifurcarnos entre las brújulas consabidas, conociendo nuestros cuerpos de antemano, examen a primera vista en donde todas las respuestas ya estaban escritas en el corazón, en los delirios sublimes del alma y de la mente.

Sueños de luz en plena oscuridad. Tu rostro durmiéndose en mi hombro, junto al lunar del brazo que rodeaba la cerviz de lechuza…besos de agujitas, piernas entrelazadas, café de la madrugada, abrazos que no mienten, sonrisas que se eternizan, enamoradas.

Párrafos sueltos que revierten e invierten secuencias de los sueños, en un dormir pensando en las magnitudes y sonoridades de voces que nos pueblan como ecos de fe y dulzura. Admirarte sin límites, en la vivencia plena de una libertad absoluta de astros y sombras luminosas, para redimirnos en el salvajismo de nuestras almas en erupción. Apurar la palabra que nos une en lo lúdico, en lo mudo y en lo risueño, sin actuaciones malas o roles protagónicos estelares. Dos extraños siendo uno en lo místico, en lo silente de las horas que se refugiaron en una noche de este a oeste…de norte a sur…los puntos cardinales de nuestro amor que se expande en jeroglíficos, pergaminos e ideologías sublimes del infinito mapamundi de la piel. Arriesgarnos, correr imprudentes hacia el brebaje de hecatombe y holocausto, catadores del vino dulce y salado que nos habita en el roce, en los toques mágicos de dedos debajo de la ducha. Gemirnos, encantarnos, reencontrarnos en el deseo cuando nuestros cuerpos se conocían y se recordaron luego de sumergirnos en un vía láctea sideral, más allá del tiempo.

Cielo, infierno. Fuego, hielo, invernalmente ardientes, fogosamente congelados, infernalmente helados, conectados a la supremacía de lo hipnótico, sin dejar de vernos, poniéndonos a prueba en un combate cuerpo a cuerpo, alejando las trincheras – almohada y sometiéndonos al placer sin campos minados, entregados al gozo y a la luz, en un summum altivo de éxtasis celestial. Es la vida. Estamos trémulos. Estamos sonrientes. Estamos vivos…

Cronopios del abrazo cósmico

Mientras el viento silbaba fugas de la noche, una carroza de sueños nos trasladaba hacia nuestros lugares más cómplices. Silenciosa, ser de luz, culminada lumbre y cumbre de lo que esperaba y buscaba, apareciste entre lo tácito, lo sublime y lo perenne.


Acaricié tu rostro y los rubores se iban dispersando. La sangre bullendo para activar músculos y nervios libres en su propio secreto: sonrisa que se hace vida y recubre de dulzura al místico espejo. Es la luna en su brillo, es el sol sin días tristes, respirando certezas y plenitudes en un Viernes Santo.


Luego estaba el abrazo, las manos que buscan cubrirse olvidando parsimonias o fríos formalismos. Aprisionar el aire que se hace escudo para proteger a dos latidos de fuego y fe en la elevada calidez de lo infinito. Sentirse completo, perdurando en el mismo lenguaje que al traducirlo mantiene su sonoridad, su horizonte, su encanto y su etéreo tiempo divino.
Besos que se escaparon para argumentar que acudieron a un llamado oportuno o inoportuno, pero listos, prestos para dormirse entre sus propias huellas, entre sus propios rastros, inventando alegrías y felicidades en un sobresalto de la voz. Onomatopeya, música, gratitud, conjugados en el hechizo que se atesora: ¡Ay! ¡Gracias!


La escena se renueva a cada paso, en un recuerdo que se posiciona firme y se sustenta a base de palabras que volverán a su refugio de estrellas, donde dos almas suspiran y se autocalifican: “amantes secretos hambrientos”. Olvidar no forma parte del guión. Sentirlo, pensarlo, soñarlo, atesorarlo, como “sincronías que están matando”. Cerrar los ojos y seguir viendo, seguir aspirando un perfume que pobló con su eco de aromas hombros y cerviz, solo para comprender que la pureza y la pasión jugaron su carta más arriesgada, más peligrosa, pero infinitamente aceptada.


Es hora de dormir. Buenas noches, lechuza que respira luminosa entre las sombras nocturnas de su amor y su tiempo. Un beso que vuele libre, como el refugio etéreo que se vierte en el recuento del vapor en una taza de café. Nos preparamos para la metamorfosis, un último concierto de nuestras almas trasvasadas por el rito sagrado de nuestra más profunda piel. Gracias por el fuego.

Cronopios y terapias de amor

La forma en cómo me besa, en ese juego disperso e íntegro, como las fábulas de sueños que embelesan, me lleva a pensarla y sentirla en cada resquicio de la existencia.

Suena John Coltrane y todavía su perfume quedó inserto y perenne en mi alma. Atrapado con la guardia baja, tácitamente a la expectativa, como queriéndolo entre líneas, llegó como un abrazo, transformado en beso de cerviz que se expandió fragante hasta el algodón de una remera de The Beatles. Repaso la escena de balcones una y otra vez, mientras la memoria delimita un culto a su esencia, atesorando su nombre de estrellas. «Somewhere In Her Smile She Knows, That I Don’t Need No Other Lover».

El vino recrea su arcilla a cada sorbo, a cada paso dado entre suaves mordidas y recuentos de la piel, mientras su amor y su libertad lanzan conjuros mágicos con palabras advertidas por el vicio y el deleite. Me apuro a besarla, recorrerla en sus bifurcaciones, dormirme en su cabellera negra enmarañada, y la esperanza es brillo de sol, es brillo de luna. Nos quemamos o nos enfríamos con la pasión que nos remite a ser extraños enamorados de las sincronías y las contradicciones. Las incógnitas se abren y hay otro nuevo pasadizo para poder mirarla. Las bóvedas de sus ojos negros, un abismo al cual aferrarme. Sí. Presiento un fondo de luz tan preciado que terminaría subiendo estando tan abajo. ¿Quién dijo que el infierno es abajo y el cielo es arriba? Con la infinitud de ambos, navego por usted, hasta usted desde usted misma, con la inmarcesible beatitud de extrapolar lo que siento sin temor al portazo, a la tristeza, a las vicisitudes. Le confieso cronopiadas absurdas: usted me genera escozores, usted me hace temblar. Sístole y diástole. Terapia del alma, sesiones y anhelos del corazón. Introspección. Cronopio, su diagnóstico es sencillo: está vivo y sabe que no tiene remedio. No se curará y no se cure nunca. Locura, sonrisa, altar. Fe, sonmolencia, languidez, amor, paz.

Lechuzo Gejor se prepara para una cachetada de la Lechuza

«Si me acercase hasta su rostro, ¿recibiría una cachetada? Ya no podría girar más allá de esta locura que nos envuelve y nos redime después de años de silencio. Hablar por los dos resulta difícil, pero quisiera creer, tener fe sobre lo que hoy vivimos en una pluralidad de sentimientos que toma tonalidades sublimes como el vuelo sin miedo con alas desplegadas ante el canto de ángeles. El corazón tiembla, se contrae y se distrae ante tanto encanto suyo, ser cándido y múltiple como los sentires de cada estación, incluso la de los trenes, que aquí ya no existen.

La risa cunde y esa locomotora de mis entrañas acelera su paso y no quiero detenerme hasta llegar al puesto de control. Los sonidos onomatopéyicos del «chu-chú» regalan cosquillitas de virtud y no puedo dejar de mirarla, y sueño y subo y siento y…paff…la agujita desinfla el globito solo por un ratito.

Una confesión antes de su dulce sueño: es la primera vez que nos pasa esto y nos cuesta captar las señales. Claro que hubo historias de antaño en donde también el «a…r» llegó para construir y reorganizar todo a su paso; pero eso tardó más, mucho más de lo que ahora se experimenta y se muestra ante nuestras existencias, ante nuestros ojos de diamante. La conozco desde hace tan poco, pero pareciera que la vida nos concedió una oportunidad para darnos cuenta que pudimos conocernos hace años o sabíamos que existíamos pero en órbitas distintas. Hoy orbitamos en lugares cómplices y no lo niego: me está ganando en ese juego de besos en la cerviz.

Necesito lograr una hazaña, un truco que me permita estar a solas con usted y regalarle lo que no miente: las miradas de cíclopes que no titubean en el silencio de los mediodías, las que se fortalecen y se confunden en un delirio galáctico de temores y temblores, sembrando y cosechando la felicidad extrema. Gritaría su nombre a los cuatro vientos, a los miles de rascacielos que nos circundan, solo para hacerla entender que todo lo que estaba oprimido vuelve a renacer con solo abrazarla. Ya está. Mi cachetada estará esperando a la salida de la oficina. La confitería del absurdo guardó los alfajores que más le gustan. Se lo digo sin tapujos y con la empalagosa verdad que tal vez hoy ya no asombre, pero regala esperanzas: usted me g…ta muchísimo y se lo diré frente a frente en algún momento o hendidura del día. Prefiero avisar para que la manopla esté lista. Seguiré girando hasta que su brillo de sol me haga una pregunta de elevación con su voz de luz. Junto a usted…siempre…si me lo permite…sería la respuesta. Gracias por el fuego, por el hielo, por la hecatombe de su sonrisa que derriba mis miedos. Gracias por la música que fluye como el jazz de eternos soplos y sonidos cósmicos. Cuide sus comisuras, que sus labios recibirán una invasión de ternura. Cachetada por la propuesta incedente. Babeo antes de tiempo, solo para dormirme imaginando el perfume de sus manitos de lechuza mágica y de esencia».

Las cartas de Gejor se fueron tornando personales e imprudentes, un comportamiento clásico de los kamikazes que se reinventan en el romanticismo de las palabras. No sonaba trillado, ni oxidado, ni con circunloquios. Lo interesante es que dejaría a los lectores atónitos. Hasta el propio jefe de redacción quedó sorprendido. Después de todo, nuestro viejo redactor era un cronopio in love. La curiosidad había llegado: ¿de verdad el beso en la cerviz puede salvar o condenar en un delirio contradictorio de un desintegrarse para volver a vivir íntegro en un amor sublime? Maldito Gejor, dejaste al jefe filosofando. Imprimátur para el blog Categoría Poesía y Vida, completando los puntos en «Amor» y en «Usted Me Gusta Muchísimo». La verdad debe llegar íntegra, para dispersarse mágica, más allá del después.

Prosema del café y cacao

Mientras la noche esparcía su perfume encantado, ellos se buscaban en el recuerdo de miradas que se habían regalado durante calendarios cósmicos. Los ojos se comunicaban entre delirios intergalácticos, con fogatas y estalactitas que nacen para hechizar con dulzura y poesía a las estancias del fuego y hielo.


Se movían en una tácita espera, estudiándose y desbordándose entre las ansias de abrazos sin culpa, sin temor, sin dolor. La ternura iba in crescendo y las palabras se transformaban en somnolencia, amor, subida hacia los cielos, recuento.


Escribían una historia a suaves pasos, en un deleite de pianos y pianísimos, jugando con las figuras de sus almas, angelicales sonatas, sumidos en la fe por la vida, por los seres que se reencuentran en un viaje sin haberse buscado, sintiendo paralelos de la existencia oculta en la sincronía de latidos. Enamorados, constelados, como la nerudiana que se calla, pero que se percibe ausentemente cercana, dejaban rastros para seguir persiguiéndose en locuras secretas, íntimamente cómplices de lo que sentían, respiraban y suspiraban.


Libres para soñar con alas sin rendir cuentas a los fantasmas del pasado, el aire cobraba forma de beso para recomenzar y pensar que la vida puede ser un lúdico signo que se descifra a cada instante con cada acción de nobleza, de sublimidades que perduran bailando con la brisa de verano, entre el calor y el bullir de la sangre que se hace rubor cuando un halago se dispersa como fragancia dulce, importando un mundo, valiendo un universo.

“Seguiré navegando en un arcoiris hasta que pueda tenerte en mis brazos otra vez”, cantaba Art Garfunkel en su andar plañidero y anhelante. Amor para sonreír y tenerse así, de frente, mano a mano, en una charla de café o de almuerzo, lado a lado, olvidando horas de etiquetas y las imposibilidades autoimpuestas.

Sentirse es lo verdadero. Ella lo hacía sentir. Él bebía lenta y pausadamente el recuerdo de su abrazo de mirada, trasmutado y trasuntado en un horizonte de días mágicos. Y si ella llorase de alegría o tristeza, él sabría buscar atajos y bifurcaciones para alegrarla y hacerla reír para que nada la lastime. Así de absurdos y contradictorios estaban: perdidos y encontrados en los ojos del otro, reflejándose en una aventura sin límites, viviéndose para ir más allá de todo, más allá de todos, regresando a la poesía que los vio nacer, sonreír, llorar, vivir, sentir. Conectados en la amalgama de los sentidos y de la razón, redescubriendo puertas y caminos, reinventando paisajes en cada espejo de luna, en el eterno brillo de sol.

Lechuza y lechuzo van al confesionario

Lo que debo decirle carece de estructura y metodología, porque se corre el riesgo de mutar constantemente. No se asuste. No son variantes letales relacionadas al virus pandémico del siglo XXI. Sin embargo, increíblemente surge un verso de Quevedo y Villegas con su “tras siempre arder, nunca consumirme”. Lo que hoy siente y debo explicar va creciendo y esparciéndose, como pequeños peces que atraviesan libres el río interminable de sueños y esperanzas con sus aletitas de voluntad. Claro que siempre llegan a buen puerto. Con usted no busco finales trágicos ni tristes. Resulta que es todo lo contrario, pero debiera disculparme este circunloquio del primer párrafo para decirle: «Usted me gusta».

Ya sé que me pedirá que no le explique y que sienta, pero al cronopio lo ataca el delirio fama en forma burlesca y desea utilizar términos rimbombantes para captar su atención y buscar que se ría a carcajadas. Ha confesado que la hago reír y no sabe cuánto quisiera abrazarla fuera del tiempo avaro de los horarios de oficina y noticieros radiales – televisivos. El segundo párrafo salió más airoso: «Usted está en mis pensamientos y en mis sentimientos. No puedo evitarlo’.

¡Basta!, diría usted en medio de rubores y planteamientos de subtemas para no insistir con el tema principal. Seguiré insistiendo desde mágicas hendiduras, bajo su mirada de sueños profundos y que hace más celestial a este loco mundo. No me tome por cliché, que adoro verla en la forma en cómo la veo y eso que últimamente había dejado de sonreír. Por primera vez, quedamos «groguis» con un knock-out que nos eleva y ya pasó más allá del 10 que cuenta el árbitro en el ring. ¡Mi cara está rojísima, lechuza! Tercer párrafo con moraleja: el brillo de sol deja quemaduras de todos los grados en un deleite sublime que ni siquiera conduce al hospital.

Ya ve que me estoy agrandando, y en cualquier momento aparecerá la agujita para pinchar el globito, la realidad que quiere ser amarga y aguarnos la fiesta. Solo buscamos agradecer por tanta ternura, tanta esencia, hasta por la palabra que empieza con a y termina con r pero que no podemos pronunciarla porque hay cachetadas un poco infalibles. No me cansaré de buscarla por cada rastro, huella, hendidura, rendija, cerradura, cornucopia en acepción dos de la R.A.E. (risas) y caleidoscopio. Cuando la puerta, la ventana y la grietita del techo se abran, sabremos que ese juego bellísimo de lechuza y lechuzo encronopiados de amor (lo dije) nació de abrazos infinitos y miradas eternas. Descubrirla y atesorarla en acciones, gestos, libros, poesía y palabras, son la alegría infinita. Cuarto párrafo de la verdad con el capítulo 83 de Rayuela: Total parcial y total general…gracias.